Desde tiempos remotos la llegada del solsticio de verano fue una de las fechas más importantes para muchos pueblos de Europa. Coincidiendo con esa fecha, la noche del 23 al 24 de junio, se celebra la fiesta de San Juan Bautista, el día en que se conmemora su nacimiento de Isabel, prima de la Virgen María, 6 meses antes del solsticio de invierno y de la Navidad (nacimiento de Jesús). Su fiesta va acompañada de una serie de rituales, prácticas y costumbres, que parecen remontarse a tiempos precristianos.
Esa noche, la más corta del año, se celebra el triunfo de la luz sobre la oscuridad y en sus rituales las hogueras cobran un especial protagonismo. El fuego de las hogueras heredero de antiguos cultos paganos al sol aleja a los malos espíritus, y le ayuda a renovar su energía.
Es una noche mágica en la que todo puede suceder: las plantas adquieren propiedades especiales, las mozas encuentran novio y el amor no tiene ataduras, encantarias, moras y lavanderas andan en libertad cerca de ríos y fuentes, las grutas secretas de repente son accesibles a los mortales y los tesoros ocultos pueden ser descubiertos...
Tiempo atrás antes de salir el sol, hombres y mujeres, iban a coger agua de la balsa para por la mañana "Sanjuanarse" con ella. También ponían en esa noche, un ramo de "fendejos" (esparto) en los nogales para que las nueces no se cucaran.
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