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MIRADOR DEL SOMONTANO
Desde aquí se divisan los confines del Somontano y las tierras que limitan con las comarcas de Ribagorza, La Litera, Cinca Medio, Monegros, Hoya de Huesca, e incluso con Cataluña. Al norte la mirada se clava en los picos del Pirineo, descansa en las sierras prepirenaicas y se pierde al suroeste, en la inmensidad de la llanura premonegrina.
La Sierra de La Carrodilla
En esta agreste sierra multitud de simas y cuevas ponen de manifiesto el fenómeno kárstico. También hay varios abrigos que contienen pinturas rupestres declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Muy cerca de Estadilla se venera en su santuario a la Virgen de la Carrodilla. En sus alrededores se encuentran las “Coronetas”, pequeñas piedras redondas que al partirlas muestran unos círculos concéntricos que los devotos interpretan como coronas de la Virgen. Se guardaban en las casas para protegerlas de calamidades.
La calzada romana y el Camino Jacobeo

En los albores de le era cristiana numerosas poblaciones surgieron al amparo de la vía romana que unía las ciudades de Ilerda (Lérida) y Osca (Huesca). Aquella calzada continuó en uso en la época medieval y su trazado en parte coincide con un ramal del Camino de Santiago poniendo en comunicación de oeste a este las localidades de Berbegal, Laluenga, laperdiguera, Barbuñales, Torres de Alcanadre y peralta de Alcofea.

El Monasterio del Pueyo

Su nombre significa lugar alto y es que a sus pies se contemplan más de medio centenar de poblaciones y todo el Somontano.
Según la tradición, en este monte se apareció la Virgen sobre un almendro a un pastor llamado Balandrán que recibió el encargo de erigir allí un templo en su honor. El camarín de la Virgen se decoró en el siglo XVIII con hermosas pinturas que representan personificaciones de las virtudes.

Las cabañeras

La base de la economía es estas tierras fue la agricultura y también la ganadería. Las vías pecuarias o cabañeras que vertebran el territorio han sido recorridas tradicionalmente por los rebaños trashumantes: a finales de la primavera, antes de que las hierbas se agosten en el llano, empieza el peregrinaje de pastores y rebaños a los prados pirenaicos. En otoño, con las primeras nieves, emprenden el descenso a la “tierra baja”, donde pasarán el invierno alimentándose en sus pastos.

La Balsa

Cerca de las cabañeras y los corrales para ganado es frecuente encontrar una balsa. Se suelen construir en terrenos arcillosos e impermeables, aprovechando una pendiente para propiciar la acumulación del agua de lluvia y profundizando un poco para aumentar su volumen.

 


Cultivos y pequeños reductos de bosquete

Los cultivos son los que actualmente mayor superficie ocupan. Estacionalmente sufren grandes variaciones: en primavera, representan a un pastizal verde, manchado de blanco por los almendros en flor. Tras la cosecha del cereal son bien visibles unos pocos retazos forestales, muy cálidos y secos en verano, que sin embargo ofrecen sombra y un inolvidable olor a resina y plantas aromáticas. En sus alrededores no es difícil cruzarse con grupos de perdices rojas.

Los sasos

A grandes rasgos el relieve del sur es tabular: los estratos están dispuestos horizontalmente porque esta zona no sufrió movimientos tectónicos de importancia tras la sedimentación de todos estos materiales.
Aquí hallamos pequeñas plataformas elevadas, pedregosas y áridas que llamamos sasos. Su nombre proviene del latín “saxum” (piedra). En algunos de estos sasos las capas de mallacán (cantos rodados) dificultan el desarrollo de la agricultura: retirar las piedras del campo cada año supone una labor añadida y los útiles agrícolas sufren un mayor desgaste.
La localidad de Berbegal se sitúa sobre uno de estos sasos

 
 
 
 
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